Cada octubre, cuando el verano se retira y las castañas empiezan a caer, Lugo hace lo que lleva haciendo desde hace casi tres siglos: abrir sus puertas.
Durante nueve días la ciudad se convierte en el punto de encuentro de Galicia. Llegan familias del rural y de la costa,
gallegos que viven fuera y visitantes que oyeron hablar del pulpo, de la música y de la Muralla iluminada la última noche.
Todos vienen a lo mismo: a vivir la gran fiesta del otoño gallego.

La fiesta que hizo renacer a Lugo
Todo comienza con un hombre. Froilán nació en Lugo hacia el año 832, se retiró a los montes para vivir como ermitaño y acabó siendo obispo de León, donde murió en el año 905.
La leyenda cuenta que un lobo devoró al burro que transportaba sus libros y que el santo, en lugar de huir, lo convenció para que llevara la carga en su lugar. Por eso, el lobo acompaña desde entonces la imagen de San Froilán y se ha convertido en uno de los símbolos de la fiesta.
En 1600, la diócesis de Lugo fijó el 5 de octubre, fecha de su muerte, como día de San Froilán. Cinco años después fue proclamado patrón de la ciudad. Aquella celebración religiosa fue el germen de lo que vendría después.
La fecha que todos recordamos es 1754. Ese año comienzan las ferias de San Froilán, y Lugo, que había pasado siglos de cierta decadencia dentro de su Muralla, renace como centro agrario y comercial.
Al calor de la feria de ganado, una de las más importantes de Galicia, llegaban tratantes de toda la Península y cientos de vendedores que convertían la ciudad en un gran mercado: zuecos, encajes, cerámica, miel, aperos de labranza, panes, dulces, títeres y charlatanes.
Una feria que creció con la ciudad
Con el ferrocarril y la industrialización, la feria creció y con ella la ciudad. Poco a poco, lo lúdico fue ganando terreno a lo comercial: verbenas, música tradicional, teatro, atracciones y, sobre todo, el pulpo á feira, que pasó de ser la comida de los feriantes a convertirse en el plato que define estos días.
En el siglo XX, el San Froilán se convirtió en el cierre del ciclo festivo gallego, con dos grandes días que se mantienen intactos: el 5 de octubre, día del patrón, y el Domingo das Mozas, cuando las calles se llenan de trajes tradicionales y folclore.
Hoy el San Froilán está declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional (desde 2006) y reúne cada año a cientos de miles de personas. No es un recuerdo de lo que fue la feria: es la misma feria, viva, que cada octubre vuelve a convertir Lugo en el centro de Galicia.


El pulpo
Las casetas del campo de la feria son el corazón del San Froilán. Pulpo á feira servido en plato de madera, pan y vino de la tierra, en largas mesas donde se sienta todo el que llega.

El Domingo das Mozas
El segundo domingo de las fiestas, conocido como Domingo das Mozas, está dedicado al traje tradicional y al folclore gallego. Nació como el día en que las jóvenes del rural bajaban a la ciudad.

La Familia Pelúdez
Los personajes que cada año «vuelven» a Lugo desde la aldea para comer pulpo y disfrutar de la fiesta. Son la voz de la Galicia rural que siempre ha estado detrás del San Froilán.

El lobo
El compañero del santo, presente en la iconografía de la fiesta y en la memoria de la ciudad.

El cielo de la última noche
El espectáculo de luz que cierra las fiestas, con la Muralla romana como mirador. En 2026, un espectáculo de drones.

San Froilán Miúdo
El programa infantil que asegura el relevo de la fiesta.